viernes, 15 de enero de 2016

Noches.



Un cigarrillo, palabras sueltas y un montón de sueños incompletos.

Una noche oscura pero limpia, sangra sin manchar el aire.

Las palabras sueltas no llegaron a ser frase, no llenaron el vacío que la noche oscura dejaba con su presencia.

Los sueños incompletos, dolorosos de por sí, le recordaban que por ellos, aunque sangre como la noche, debe trabajar hasta que el día claro, inmenso y reluciente, le devuelva las esperanzas para volver a empuñar un cigarrillo, para juntar las palabras sueltas en una sola frase con un mismo propósito: completar esos sueños, luchar por alcanzar su realidad, que de inmediato, cuando esta sea conseguida, el hombre miserable, se volverá a sentir igual, se sentará de nuevo bajo la noche a verla sangrar, a ver como cada sueño se deslíe en su propio torrente de lágrimas... 

sí, las noches oscuras que sangran sin manchar el aire no se van tan fácil, son compañeras que no abandonan fácilmente a los hombres.



No hay comentarios.:

Publicar un comentario